sábado, 30 de enero de 2016




I

Y la brisa fresca atravesaba la noche, como un rayo de luz al amanecer.
¿Quién era yo, sino un simple mortal con decisiones erróneas según la sociedad en general?
Había aún más por descubrir detrás de mí historia, de ese rostro apacible y amable que todos podían notar. Ahí estaba un ser deformado por la misma sociedad que ahora lo persigue y lo manda a condenar, juzgándolo, diciendo que es un “monstruo” una aberración a la humanidad.
¿Qué iban a saber ellos? Si ellos fueron quienes me crearon, quienes me fueron formando por el paso de los años.
Palabras vagas se formaban en mi mente, ilusiones rotas por culpa de la gente, la esperanza ya muerta, y no porque yo la hubiera matado, sino por todas aquellas promesas no cumplidas y la confianza que me robaron.
Sigo caminando en esta oscuridad, mirando atentamente a todo lo que me rodea con el tintinar de mis pasos bajo la calle húmeda por las lloviznas de esta época. Las luces escasas en estos rumbos, los locales abandonados con vidrios rotos de lo que antes eran ventanas, uno que otro gato en un callejón que corre por su vida mientras un perro lo persigue y tira un bote de basura que le estorbaba en su camino.
      Alguien se acerca.
-Buenas noches damisela ¿se encuentra usted perdida en estas altas horas de la noche?- un joven alto, delgado, formal era quien mencionaba estas dulces palabras.
-No, solo he salido a tomar un poco de aire- conteste mientras una risita salía de entre mis labios y acomodaba uno de mis mechones de cabello tras la oreja.
El joven dibujo una sonrisa en su rostro, sus ojos destellaban aun en la oscuridad que abundaba a nuestro alrededor, esa oscuridad que tantas veces me ha acompañado en mis aventuras y guardaba mis mas grandes secretos.
-¿Me permitiría entonces que la acompañe en su recorrido? No creo que una dama como usted deba caminar por las calles solitarias, es un peligro en la actualidad.
La dulzura de sus palabras y la sinceridad de su sonrisa me contagian y logran que baje la guardia por un momento. Si tan solo supiera el peligro que corre, no estaría tan atento, saldría corriendo asustado por las atrocidades que he hecho y no estaría pensando en llevarme a la cama como ahora lo hace.
-No creo que deba tomarse esas molestias joven, pero muchas gracias de antemano.- Logre concretar estas palabras a sabiendas de que quizá el no se rendiría, pero valía la pena intentarlo.
-Bueno al menos permítame que le invite una copa por favor, hay un lugar muy simpático cerca donde podremos platicar y estar más seguros. Hágame la noche amena, no la he pasado bien el día de hoy, y su compañia seria de mi agrado en estos momentos.
Su mirada un tanto intranquila por la oscuridad que nos cubría me pedía retirarnos de aquel lugar al igual que sus palabras y a pesar de que esa noche tenía otros planes decidí aceptar.
Asentí con la cabeza y le pedí que me condujera al lugar mencionado, mientras lentamente guardaba en mi bolsa de mano la navaja con la cual solía atacar de vez en vez. ¿Quién hubiera imaginado que terminaría en un bar bebiendo una copa con quien iba a ser mi siguiente víctima?


Terminada la noche comenzaba de nuevo mi vida. Una chica “normal”, bonita, delicada, responsable y con una carrera que comenzaba a dar frutos. Las personas me miraban por la calle sin siquiera sospechar lo que hacía cuando se ocultaba el sol.
La noche anterior había tenido que posponer mis planes bebiendo un poco con un joven apuesto. Al final resulto ser una buena persona, así que me retire, disculpándome por el acto, para poder descansar. Me pidió mi número y aun a sabiendas que no debía hacerlo, no le vi el real motivo para negárselo, deslizando una de mis tarjetas por la barra donde minutos antes habían estado nuestras bebidas.
Me fui alejando del lugar, un bar llamado “The Bell Bar” que se localizaba a las afueras de la ciudad,  y adentrándome en la oscuridad de las calles nuevamente.
Ahora camino apresurada con el sol radiante encima de mi cabeza, para poder llegar a tiempo a una reunión de negocios que tenía cerca de la Ave. Principal. Mi vestimenta elegante, atractiva, moderna aunque conservadora, sin mostrar demasiado, pero dejando ver mi figura femenina. Discreta.
Siempre me habían dicho que era una persona atractiva, pero eso a mí no me interesaba, considero hay cosas mucho mas importantes, y a final de cuentas termino siendo algo de provecho para mis planes, utilizándolo para poder atraer a “mis acompañantes·
El nombre de la compañía "KPMG" se asomaba sobre uno de los grandes edificios de la ciudad. Tan apantallante como los que aparecen en la televisión o películas. Un lugar frió, calculador donde no interesan las personas más que los números.
Cruce las puertas del gran edificio, saludando al portero, que cada vez me recibía con halagos. Camine más tranquila cuando vi en el reloj que faltaban cinco minutos para las cuatro, logrando llegar a tiempo.
La gente normalmente va y viene, sin importarle las demás personas, están tan ensimismadas en sus problemas, en “¿qué haré?”, “¿qué comprare?”, que no se fijan en los demás, ¿que estarán sintiendo o la situación que estarán pasando? El ser humano siempre se me ha hecho un espécimen muy egoísta y superficial. Claro está existen personas excelentes, poniendo el ejemplo y abriéndote los ojos para ver que no todos son iguales, importándoles lo que sienten los demás y tratando de compensar lo que el humano en general ha desfragmentado.
Yo no me considero una de esas personas, por que a diferencia de ellas yo no trato de arreglar los errores de otros, sino de extinguir dichos errores. Quizá yo misma siempre haya sigo uno de esas equivocaciones, algo fallido, pero a final de cuentas ¿para qué dejar sigan en aumento si puedo generar un equilibrio creando un mundo mejor? Claro está que esto es a cuesta de mi vida, yo soy el sacrificio mayor, pero al crear un cambio o diferencia, la manera en que se haga termina sobrando.

La junta fue esplendida, al igual que todo lo que hago. Sin equivocaciones y con un resultado exquisito.
Las tardes terminan siendo más largas cada vez. Y las noches más cortas. Pero vale la pena cuando se pesca algo.
Esta noche no será como la anterior. Haré lo que deba sin importar el peligro que esto represente para mí.




II

La noche fresca, húmeda, tranquila, me llama a refugiarme en su regazo, yo tan fría y distante desde aquel día solo acepto su presencia y sus brazos que se extienden hacia mí.
¿Cómo podría negarme a tan fuerte presencia? La noche me seduce y me atrae a su lado sin que yo pueda huir.
Salgo a caminar como cada noche, abandonando mi auto en un lugar distinto, ahora al noroeste de la ciudad. En el bosque, cerca del parque del pais "el bosque del henao" y la A1112 Romford Rd.
Llevo una falda larga negra y ancha, unas botas oscuras con tacón, una linda blusa blanca con un chaleco de cuero encima, mi bolso de mano no puede faltar, solo espero el pretexto perfecto para llevar a cabo mi acción.
En eso unos pasos a lo lejos, apresurados y luego pausados suenan a mí alrededor.
La gente es estúpida, actúa sin pensar, y en lugar de ser el victimario puede terminar en victima gracias a la seguridad que se otorga sin saber realmente a lo que se enfrenta.
Sigo con mi camino, tranquila y luego todo ocurre con rapidez. El se acerca en silencio y logra sujetarme del brazo derecho para inmovilizarme poniéndolo atrás en mi espalda, yo cedo un poco para hacerle creer tiene el control, me tira al suelo y tapa mi boca con un trapo metiéndolo hasta el fondo, luego intenta levantar mi falda con esa misma mano, yo aprovecho la oportunidad de su entretenimiento para darme una vuelta agarrando todas mis fuerzas y golpeándolo fuertemente en la cabeza con una piedra que tome cuando él me tiraba al suelo, desorientándolo con mi acción, confundido al ver la piedra volar sobre su cráneo y cayendo desmayado a los segundos después de su impacto, entonces comienzo a actuar.
Esas clases de Karate y Kung-Fu en mi niñez terminaron siendo de ayuda a final de cuentas.
Saque un trapo con cloroformo de mi bolso, puse suficiente para el transcurso de ahí al auto, colocándolo en su rostro para una mayor seguridad, así como un par de esposas en sus muñecas,   y dirigí el cuerpo con cuidado a través de la oscuridad hasta mi coche, arrastrándolo sobre la tierra y piedras, haciendo que recibiera araños por parte de las hierbas y ramas que se encontraban en los suelos. La luna se encontraba en su maximo explendor, completamente llena, iluminaba mi arrostro a traves de las ramas de los arboles.
Tuve que caminar solo un par de metros, hasta aquel camino terrenoso donde había dejado mi auto, dado a que esta persona aparentaba tener tanto apuro de hacerme daño, que no se espero lo suficiente para que me adentrara al bosque completamente.  Lo llevaba tomado de los pies a los cuales le coloque una soga para poder halar de ella. El cielo comenzaba a nublarse Tire la soga al suelo una vez llegado al auto, y me dedique a hacer una rampa con una tabla que traía en mi cajuela. Era asombrosamente pesado y su cuerpo parecía una gelatina sin vida mientras lo intentaba arrastran dentro de ella, elevando su cuerpo tomándolo por debajo de los brazos y apoyándolo sobre la rampa improvisada, la cual sostuve desde la parte baja, subiéndola poco a poco, mientras la adentraba en el agujero para que el cuerpo cayera dentro. Una vez esposado y amordazado dentro de mi cajuela me dirigí a la cabañita que tenía en medio del bosque, una pequeña casa de madera alejada de la ciudad y lo suficiente de la población o la vista de cualquier persona, a la cual solo podía acceder a través de un camino de tierra después la  A1112 Romford Rd adentrándose en el el bosque del henao.
    

Al llegar abrí la cajuela, me asegure de nuevo de que el sujeto siguiera inconsciente pero vivo y puse el trapo sobre su rostro nuevamente. Baje el cuerpo empujandolo hasta tocar completo el suelo y lo sujete de nuevo con la soga, pero ahora en las muñecas, subí los pequeños tres escalones de madera que se encontraban a la entrada, podia empezar a oler la tierra mojada y vislumbrar las nubes cargadas en el cielo. Abrí la puerta cruzando ambos cuerpos sobre el umbral hasta llegar al sótano, por el cual descendí al sujeto de nuevo en la tabla para no maltratarlo demasiado, ese sufrimiento debía sentirlo cuando estuviera despierto.
Era un hombre adulto aproximadamente de 35 años, tez morena, cabello oscuro, corto desalineado, de rasgos indus, con una camisa a cuadros abierta y una camiseta interior blanca amarillenta por las manchas de sudor y residuos, los pantalones de mezclilla sucios, sin cinto y unos zapatos de obrero cafés, de complexión robusta, pesando aproximadamente unos 85kg, y midiendo no más de 1.80cm.

El cuerpo un tanto mallugado, lastimado por el traslado comienza a quejarse. Para ese momento ya lo había atado a una silla y nadie cerca escucharía sus suplicas, solo me senté a esperar que comenzara a despertar por completo.
Lógicamente todo este esfuerzo me hacia terminar agotada, pero para ello ya llevaba tiempo entrenando, horas enteras en el gimnasio, en spinning, box, tiro al arco. Años dedicados a estas actividades que son mi pasión.
El se comenzó a mover, primero la cabeza baja se balanceaba de un lado a otro como un péndulo, después los pies y brazos intentaron moverse, pero las ataduras a la silla de metal sujeta al suelo con clavos de hierro le impidieron el movimiento. El comenzó a quejarse hasta recobrar la conciencia, fue en ese momento cuando comprendió lo que estaba sucediendo y levanto la vista con los ojos bien abiertos.
-¿Qué demonios…?- dijo desorientado, agrando los ojos y bastante molesto - ¡Suéltame maldita perra! ¡Solo espera a que me pueda soltar zorra y veras como te va a ir!
Su voz al inicio amenazante comenzó con el paso de las palabras a sonar mas a miedo, aumentando con ello el tono y comenzó a gritar en suplicas disfrazadas de autoritarismo. ¿Cómo llegue a aquí? ¡Suéltameee!
Yo tranquila, sin emociones en el rostro solo lo observaba.
-¡Tú! Eres tú la zorra a la que…- su semblante cambio de enojo a asombro al darse cuenta de la realidad- ¿Cómo termine aquí maldita ramera? ¿Cómo me has traído? ¿Quién te está ayudando? Suéltame perra, o juro que te arrepentirás- estas últimas palabras las dijo entre dientes y con una sonrisa a medias. Sus recursos de intimidación al parecer se le terminaban.
Normalmente no gasto palabras o saliva con personas de esa índole, solo me limito a realizar mi trabajo. Aunque en ocasiones es irresistible y le hablo de una manera cortante solo para comunicar lo que necesito decir.
Me levante del segundo escalón donde me encontraba observando el espectáculo que se llevaba a cabo solo para dar comienzo a uno nuevo. El seguía gritando con tono se suplica, maldiciéndome y hablando como solo una persona vulgar podría hacerlo.
-Te abriré esas dos piernas como la ramera que eres- Decía entre carcajadas- y te enseñare quien manda aquí ¡Zorra!
Me dirigí hacia una pequeña mesa que se encontraba a su lado derecho justo enseguida de las escaleras, en una esquina oculta un poco a la luz de la habitación, donde tenía todos los utensilios necesarios para la ocasión.
Normalmente los castigo según el lenguaje y comportamiento que tuvieran.
¿Qué le deparaba a Él el día de hoy?
Decidí comenzar con el bisturí, juguetear un poco antes de “dormir”.


El reloj marcaba las 10:36 pm.
Mami salió con unas amigas ese día y Geremy dormía desde hacía rato en su habitación. Yo aun no conseguía el sueño, y Papi lo sabía.
La puerta se entreabría, dejando ver una silueta oscura con la luz que entraba. Subí mis cobijas cubriendo la mitad de mi rostro, sabía lo que pasaría, era momento de jugar.
A mí no me gustaban esos juegos, pero a Papi si, y eso lo hacía muy feliz, y yo no quería que Papi no fuera feliz.
Tenía que ser buena chica y jugar un rato con él.
-Buenas noches princesa, ¿Extrañaste a Papi? Porque sabes, Papi te extraño a ti.
El sonido de un cinto al desabrocharse sonó entre las penumbras de la noche. No había nadie en ese momento, yo solo había dejado de existir por ese instante.









III

-¡Deja de ignorarme maldita bastarda, te estoy hablando idiota! ¿Qué cojones piensas que haces? ¿Crees que puedes contra mí? ¿Una basura insignificante como tú? -Soltando una risotada burlona - Ven mamacita, te daré tu premio si te portas bien, suéltame y seré compasivo contigo. Sé que te gustara-  su tranquilidad se termino para dar cabida al enojo -¡Hazme caso cuando te hable perra! ¡Eh! ¿Me escuchas?
Me retire de la mesita acercándome a Él con el bisturí en alto, procure recogerme el cabello, ponerme una bata sobre mis ropas y un par de guantes de hule para no dejar demasiadas evidencias, aun que a decir verdad no me interesaba en absoluto ese pequeño detalle, pero hay que admitir que le daba emoción al asunto.
-¿Qué crees que estás haciendo?- Hizo una pequeña pausa- ¿Qué traes en las manos?-  Sus ojos abiertos, al igual que su boca se quedaron pasmados al ver el brillo de la navaja. Fue en ese momento que se dio cuenta en el apuro que se encontraba. Su tono de voz cambio he intento negociar pero su mayor error había sido cruzarse en mi camino.
Ni una sola palabra sale de mi boca, no hay marcha atrás.
-Por favor. Hay que hablarlo, como personas decentes, podríamos llegar a un acuerdo. No tenemos por qué llegar a estos extremos- Sus ojos desbordados de desesperación y su cabeza se movía de lado a lado como negando la situación y mostrando su desaprobación.- Lamento si la he insultado, solo quería asustarle un poco, no planeaba hacerle daño, era una broma insignificante, se que sabrá comprender, esto se puede hablar.
Sus gritos fueron una sinfonía para mis oídos, realmente disfruto cada nota de dolor que provoco.
Termine de acercarme quedándome frente a Él con la navaja en alto mientras seguía suplicando.
Luego comencé cual si fuera una caricia a recorrer lentamente con el bisturí de la muñeca izquierda al codo, haciendo figuritas en su transcurso. Las heridas no eran profundas, y el dolor era mínimo, pero el impacto e impotencia que generaban era lo que hacía valer la pena el instante.
Seguí mi camino de su codo al hombro en zigzag, una bonita decoración en su brazo. Pasando al lado derecho, repitiendo el acto. Los gritos de desesperación, no podría reemplazarlos por nada, era un éxtasis especial poder vivir aquello.
¿A cuántas mujeres habrá lastimado? No creo haya sido la primera chica a la que intentaba atacar, pero algo si es seguro, seré la última.
¿Cuál sería el mayor dolor que un hombre como el podría experimentar? No considero que la muerte sea un castigo, sino una liberación, y al parecer yo sé cuál es la respuesta a la pregunta, igual que él, la veo en el brillo de sus ojos y su rostro atónito. Sigue meneando la cabeza repitiendo un “no” con esta acción.
Yo solo he comenzado a bajar la navaja desde su hombro al abdomen, rasgando con el filo la camiseta interior hasta llegar a su pantalón y desabotonándolo con la misma.
-No, no, no, no, ¡No! Por lo que más quieras, prometo no hacerte nada, cambiare, desapareceré si así se requiere, pero no lo hagas, ¡Por favor!
Demasiado tarde, una vez que comienzo algo no puedo parar de hacerlo hasta terminarlo. Y dejarlo ir, en ningún momento fue una opción.
El grito fue fantástico, no me canso de escucharlo aun cuando las bocas que lo den no sean las mismas, sigue teniendo la agonía implícita en cada soplo de aire expulsado.
Le baje el zipper y los pantalones hasta las rodillas, mientras el intentaba defenderse con el nulo movimiento de sus piernas, gritando y escupiendo, entonces toco el turno de sus bóxers, al encontrarse expuesto sin su ropa interior sostuve su miembro en mi mano elevándolo un poco para poder observar justo antes de rasgar el escroto y tomar los pequeños testículos sobre mis dedos mientras los arrancaba con ellos.
Un solo jalón, lo suficientemente fuerte, fue lo único que necesite. La sangre comenzó a correr, su cara pálida gritando y llorando. De la frente le escurría sudor y sus labios estaban secos.
Entonces hable.
-Dime ahora ¿Quién es la victima? Ya era hora que te tocara estar en ese lugar.
Mis palabras frías y llenas de cinismo eran acompañadas de una gran sonrisa.
Era hora de continuar con el show, solo quedaba terminarlo de torturar para que su muerte fuera lenta pero segura. Realice una ida mas a la mesita tomando un par de pinzas de presión, con las cuales me dedique a quitarle cada una de las uñas de los pies y manos.
Debo admitir que se movía demasiado durante el transcurso de su metamorfosis, pero no fue un impedimento, la silla solo hacia intentos por moverse sin lograr su cometido.
Esa noche el sótano quedo cubierto con un charco de sangre.
Después de haber terminado con las pinzas el sujeto ya no tenía aliento, entre blasfemias y suplicas llegaba a haber silencio, sollozos al igual que lagrimas. Por ultimo decidí era demasiado dolor para él, su dignidad se había marchado, lo que quedaba era hacerlo descansar. Le metí sus testículos en la boca para que los consumiera antes de cortarle la yugular.
No, no me da orgullo lo que hago, a final de cuentas soy un humano mas, pero esto es como una adicción, una vez que comienzas te es difícil dejar de continuar, deseas mas y mas. Lo necesitas sin llegar a darte cuenta de lo que estás haciendo hasta haber terminado, cuando ya has obtenido lo que buscabas. Luego viene el remordimiento, el dolor contigo mismo.
Pero, ya has satisfecho esa necesidad.


Esa noche la utilice para arrancar otro dolor de las calles, provocando uno de igual intensidad, un trueque, una vida por otra.
Baje al sótano con un balde de agua a medio llenar, cloro y tome la camiseta de Josue, (su nombre real, el cual disfrazaba por “Gerardo” en su documentación falsa) partiéndola en dos para dedicarme a limpiar la sangre con uno de los pedazos, la exprimí en el agua para mezclarla, enjuague el trapo, utilice el cloro para retirar cualquier residuo, por ultimo seque con el otro trozo de trapo que no estaba mojado y tire el agua con sangre por el retrete.
Las cosas que más odio en esta vida son aquellos seres dedicados a lastimar a los débiles, abusando de su superioridad física. Lo que me lleva a recordar el por qué hago esto. ¿Por qué tanto odio y aberración a esas personas? Ellas me convirtieron en lo que soy, me volvieron un monstruo a quien no le importa cual valiosa sea, sino el valor que me arrebataron, el cual recupero con cada muerte.
Aun cuando desearía dejar de hacerlo.
Termine de limpiar, es hora de cenar.

Coloque el cuerpo encima de la mesita de madera, ya puesta la sabana y habiendo quitado todo lo que la cubría. Tome mi sierra eléctrica y me dedique a retirar primero brazos y piernas dejando el puro tronco para comenzar con el tórax.
Realice con precaución la “y” representativa de una autopsia para poder rescatar los órganos ahora que estaban frescos. El corazón era el más atesorado por mí.
Guarde todos los órganos internos en una hielera de mano y me asegure de que la chimenea estuviera prendida para ir desechando primero las prendas, luego parte por parte del cuerpo, quemando por separado todo el bello que este pudiera tener. Conservando únicamente los órganos para consumirlos después.
Sí, mi refrigerador ya no estaba vacío de nuevo.




IV

El fin de semana había pasado, llevando con este ya tres semanas desde el suceso de Josue.
Mi vida había seguido su curso, y no había tenido que recurrir a otra noche como esa aún. Los órganos se habían terminado sin traer consigo la necesidad de más.
Creo la muerte de Josue revivió cosas de mi pasado sin resolver, la ansiedad y el insomnio volvieron a agobiarme.

-¡Prentz! Que sorpresa verte por aquí- sonreí mientras me levantaba de mi lugar en la parte al aire libre de la cafetería Kaffeine localizada al centro de la ciudad en Londres en la 66 Great Titchfield St un lugar hermoso y tranquilo al que me gustaba asistir para despejarme del mundo y los negocios, así como leer un rato.
- ¡Helzebeth, tan bella como siempre, todo un placer encontrarte de nuevo!- extendió los brazos con alegría para poder abrazarme como en los viejos tiempos.
Kaleb Prentz, un ex compañero de preparatoria, había sido además mi mejor amigo de esa época. Una época muy dura y difícil para mí, donde mi sobrepeso me había dado mucho más que solo problemas de salud. Gracias a el aprendí a sobrellevar la situación y me acompaño durante mi metamorfosis.
Su cálido abrazo me fue un recuerdo grato.
-Pero ¿Qué te has hecho? Te has desaparecido por tanto tiempo, lo último que supe fue que te fuiste a estudiar al extranjero. ¿Te dieron una beca?
-Sí. Me he ido a Venecia a hacer mi maestría, aunque las cosas no son tan buenas como parecen, la gente haya es muy diferente, y por más que lo he intentado no me he podido integrar del todo- se calló un momento agregando- En fin, veo que al contrario de mi el tiempo te ha sentado muy bien, estas más hermosa que de costumbre.- su carisma no cambiaba con el paso de los tiempos, seguía siendo aquel chico dulce que sabia como hacerme sentir mejor y sobretodo sonrojarme.
La tarde era calurosa, y el atardecer se acercaba, caminamos un rato por el centro de la ciudad, recordando épocas de la adolescencia y contando nuestras nuevas experiencias. Los dos ya no éramos unos chiquillos y la vida no nos había tratado bien desde que nos separamos en 5to semestre dado a que a su padre lo trasladaron a Dublin, Irlanda, estando a 586.4 km de distancia, regresando para hacer su carrera y yéndose de nuevo con su maestría.
Llegamos a un parque y nos sentamos en una de las bancas para observar el crepúsculo.
Aun se sentía bien estar a su lado a pesar de no habernos comunicado durante un buen tiempo, era como si nunca nos hubiéramos separado.
Si tan solo supiera…


Tengo 27 años, de tez clara, cabello largo y ondulado; color negro escarlata, ojos verde esmeralda, grandes, nariz pequeña y labios carnosos. De delgada complexión, pecho pequeño y amplias caderas, 1.65 de estatura.
Soy la menor de 2 hijos, originaria de Escocia, nos mudamos a Inglaterra cuando tenía 12 años y a los 16 mis padres se divorciaron.
Anteriormente era retraída, tímida, insegura, aislada, reservada y muy callada, siempre me agradaron los libros y la pintura, aprendí violín, piano y kunfu. Estudie administración de empresas, actualmente soy negociante, mis pasatiempos son el box, rappeel, spining y tiro al arco. Soy competitiva y perfeccionista. La niña que era desapareció a la edad de 23 años, después de que mis planes de boda se destrozaran al encontrar a mi ex pareja en la cama con mi mejor amiga.
Una relación de 4 años y medio.


-¿Aun lo extrañas, cierto? Lo veo en tu mirada al observar la puesta de sol.
- En realidad no, es más rencor que otra cosa. La tristeza se esfumo hace mucho. Pero aun no lo puedo perdonar.
- El nunca fue el chico para ti.
El viento comenzaba a soplar, eran finales de octubre y las hojas volaban junto con el frescor que se acercaba.
-Sabes, en el tiempo que estuve con mi maestría conocí a una chica, ya hace 2 años de eso- Su mirada se dirigía al vacio, sin expresión en el rostro- comenzamos a salir y conocernos un poco, era la primera chica que me atraía en años desde...- hizo una pequeña pausa suspendiendo las palabras que querían salir a tropezones por su boca.
Suspiró.
- Un día decidí intentarlo. La lleve a cenar a un restaurante reconocido de la ciudad, y al terminar decidimos caminar un poco, fuimos a su lugar favorito a El Puente de la Academia, observando la luna y las estrellas al igual que el agua, recargados sobre el barandal que nos separaba de la orilla del rio grande y el Rio Di San Dival, agarre una pequeña flor blanca que sobresalía de arbusto que estaba atrás de nosotros  y se la coloque en el cabello, entonces le pregunte si quería formar parte de mi vida.
*Fue la sonrisa más hermosa que jamás he había visto. Sabes, yo estaba enamorado. Duramos un año, hasta que un sábado al ir por ella para asistir a un museo de artes recibí una llamada inesperada de su madre – su expresión se había endurecido, pero su mirada estaba vidriosa- su voz entrecortada por los sollozos solo intentaron vanamente explicar lo que había sucedido.
*La encontraron suspendida en su cuarto- una lagrima comenzó a rodar por su mejilla, agregando mientras me volteaba a ver- al parecer guardaba un dolor muy grande que ni el mayor de mis esfuerzos por demostrarle mi amor fue el suficiente.- respiro profundo y se limpio la lagrimilla traviesa, desviando su mirada- Aun sufro su perdida, pero fue su decisión y yo debo seguir mi camino.
Un nudo enorme se formo en mi garganta, nunca había visto llorar a Prentz desde el fallecimiento de su padre, 2 años después de que lo hubieran trasladado y cuando regreso aquí a hacer la carrera.
Si alguien me lastimaba que sufriera, era él. No lo merecía. Y aun así, el lograba sonreír y hacerme feliz.
-Lo siento tanto Prentz- mi mano se poso sobre la suya antes de darle un abrazo para recibir su dolor y demostrar mi dolencia.
- ¡Qué va! Ya hace casi un año de eso y la vida sigue, no la traeré de vuelta con mis lagrimas- logro esbozar una sonrisa con estas palabras, liberando todo rastro de tristeza en su rostro. La especialidad de Prentz para hacer ver la más grande tragedia como algo insignificante.
Se levanto de la banca y me tendió una mano, yo la tome con un gesto de agradecimiento. Las bebidas se habían esfumado hace rato, y lo único que nos retenía ahí era la presencia de uno con el otro, entonces nos dimos cuenta que era hora de marcharnos el sol se había retirado.
Me acompaño a mi departamento una vez oculto el sol. Hacía tiempo no pasaba un día tan agradable como aquel. Y deseaba poder volver a tenerlo.
La plática era  amena, continua y reconfortante. Caminábamos despacio entre las calles que se encontraban iluminadas por los faroles, no deseábamos tener que volver a separarnos. Entonces veíamos entre el tumulto de gente que nos rodeaba como las cosas habían cambiado con estos últimos años que no nos habíamos visto. La calle principal que nos llevaba a mi casa ahora se localizaba llena de enormes edificios y exhibidores con ropa extravagante. Las modas iban cambiando y con ello las siguientes generaciones.
-Bueno señorita ha llegado sana y salva como se lo prometí. Hasta la puerta de su hogar. Dígame ¿Dónde está mi recompensa?
Una risita estúpida salió de mi boca mientras subíamos lentamente las escaleras que daban frente a la puerta de mi departamento.
-Si gusta puedo ofrecerle pasar a tomar una tasita de café, ¿Qué le parece?
-No parece mala idea, pero ¿No será mucha molestia?
-Para nada, ¿Cómo cree? Pase usted.
-Después de usted.
Una carcajada salió volando por los aires al terminar el dramatismo de aquellos viejos programas de televisión que veíamos.
-Muchas gracias por esta velada Prentz, en verdad que me has caído del cielo.
-El placer ha sido todo mío. No todas las tardes puedo pasarlas con una damisela tan bella como lo eres tú, claro, no sin que tenga que sacar algún dinero de mi billetera el cual no tengo disponible en estos momentos.- dijo, sonando una carcajada.
-¿Seguro que no deseas pasar un rato más?- logre preguntar con curiosidad y verdadero anhelo.
-No, ya es tarde y mañana temprano debo revisar lo del empleo por el cual estoy aquí, sino ¿Cómo podría volver a ver esta dulce carita de nuevo? – una de sus manos se levanto y acaricio suavemente con un par de sus dedos mi mejilla- Apenas te he localizado de nuevo, no podría volver a perder contacto contigo de esa manera- saco una ligera sonrisa y retiro su mano metiéndola en su bolsillo del pantalón.
-De acuerdo, pero no hay pretextos para volverte a alejar asi, ahora sabes donde vivo y puedes visitarme cuando gustes.
-¡Perfecto! Créeme así será.
El abrazo, ese abrazo que tanto me reconforta, duro apenas unos segundos y luego lo vi alejarse por la vereda entre la oscuridad.
 Esa oscuridad que normalmente me acobija, pero ahora, ahora me da desconfianza por que tiene entre sus brazos a alguien a quien quiero y no deseo le haga un mal.













V

-¡Geremy! ¡Geremy!-
      Silencio.
- ¡Ayúdame!
Gorgoteos de agua y manoteos sin parar se hacían escuchar desde el rio.
Era una tarde de abril, uno de esos días donde el calor abundaba y parecía que se empeñaba en deshidratar todo lo que se encontrara a su paso, yo y Geremy habíamos salido de casa a un rio cercano para jugar y recolectar piedras. En aquel entonces vivíamos aún en Escocia, tendría Geremy 14 años y yo 8.
A mi hermano mayor le gustaba sacarme al rio para enseñarme las clases de plantas existentes cerca del lugar, al igual  que los insectos o animales que nos llegamos a encontrar, esa tarde habíamos visto unos hongos próximos a los árboles y me explico que ellos eran  venenosos.
-Mira, ¿Vez ese hongo blanco, Helzebeth? ¿Logras observar los puntos negros que tiene en la parte superior?- se agacho mientras me señalaba el hongo con un dedo.
-Sí, los veo.
- Bueno, pues aun cuando este hongo es liso y blanco esos pequeños puntos nos dicen que es venenoso.
-¡Pero es muy lindo!- le dije con reproche
-En ocasiones las cosas más hermosas son las que más daño pueden hacer. Ven, sigamos.
Extendió su mano y seguimos el largo camino.
Logramos ver algunas lindas mariposas y aves, la primavera había llegado, también disfrutamos de  unas flores hermosas y exóticas. Entonces Geremy se detuvo. Algo había llamado su atención a lo lejos, adentrándose un poco en el bosque.
-Shh! No te muevas- dijo mientras con una mano hacia una señal de alto hacia mí, y comenzó a meterse en las profundidades del bosque.
Nos encontrábamos ya cerca del rio en un pequeño barranco, el agua me había fascinado siempre, así que me acerque paso a paso, desviando la mirada de mi hermano hacia el agua que se comenzaba a asomar. 
El ruido de la corriente alimentaba mis oídos tan dulcemente, y la brisa soplando hacían de ese placer aun más fuerte. Comencé a caminar hasta acercarme a la orilla del barranco y quedar justo encima del rio. Entonces una piedra resbalo y provoco que callera al agua.
-¡Geremy! ¡Geremy!
Yo aun no aprendía a nadar. Fue en ese momento que entre manoteos y pataletas el agua se comenzó a acumular en mis fosas nasales y pulmones, hasta que comencé a hundirme tragando el líquido, sentía el ardor y necesidad de expulsarlo, pero entre mas lo intentaba me daba cuenta que era inútil, la frustración se apoderaba de mi.
Un chapoteo se escucho.
Todo se volvió negro y ya no supe nada.
-Helzebeth, Luna hermosa, abre los ojos pequeña, no me asustes por favor.
Comencé a toser y logre ver entre borroso 2 siluetas incadas a cada lado mio, el de la derecha parecía ser mi hermano, dado que de ahí provenía la voz, y el de la izquierda me era una figura extraña, no creía conocer a la persona.
-¡Oh! Preciosa, no me vuelvas a asustar de esa manera por favor, te pedí que no te movieras.- Geremy me tomo entre sus abrazos y me abrazo fuerte impidiéndome que me pusiera de pie, tenia los ojos llorosos y las mejillas rosadas, pero en ese momento la otra silueta se levanto y lentamente fue retirándose. Geremy se dio cuenta y le hablo.
-Espera-  levanto la mano hacia él y este se detuvo en seco- Muchas gracias en verdad, ¿Podrías decirme por favor tu nombre?
Una figura sombría sin lugar a dudas, volteo un poco la cabeza hacia un lado sin dar vuelta el cuerpo y contesto.
-Ezequiel.
     Luego siguió su camino.
Mi hermano, al igual que yo, se quedo observando un instante el paisaje en el que este ser creaba una atmosfera de suspenso por su extraña actitud.
-¡Gracias Ezequiel, en verdad muchas gracias!- grito con entusiasmo Geremy, pero él no se dio la vuelta de nuevo, solo siguió caminando descalzo por la arena sin mirar atrás o hacer un simple gesto de haber escuchado.
     
Mis padres castigaron y regañaron fuertemente a Geremy ese día, cuando me vieron con las ropas mojadas y los ojos rojos, temblando.
-¿Qué estabas pensando al dejar sola a tu hermana? ¿Qué no tienes juicio? Estas castigado durante dos semanas…
Lo que Geremy nunca dijo a mis padres, fue lo que vio adentrándose al bosque. Había visto el destello de un reloj, muy pequeño pero que llamo su atención, el cual aun traía la mano de su dueño puesta.
Era un joven de entre 13 y 14 años el cual fue encontrado unos días después por otros caminantes y dieron aviso a las autoridades.En el lugar estaba el cuerpo degollado, con el ojo derecho hinchado y una coloración morada con negro por el hematoma que se había formado, tenía una marca en el cuello de una ligadura (justo por encima del corte de separación), la lengua por fuera y los ojos abiertos, la espalda se encontraba rasguñada al igual que sus brazos.
Al encontrar el cuerpo lo hallaron con ropa; una camisa a cuadros, pantalones vaqueros, zapatos cafés. Pero sus pantalones se encontraban abajo, con el cinto desabrochado, mostrando de igual forma sus bóxers azules a cuadros.
 En la escena se localizo un zapato tirado y una cuerda de nailon (con lo cual se creía habían ahorcado al chico).
 Geremy fue cambiando a partir de ese día, se volvió más serio, reservado, ya no quería comer o salir de su cuarto, empezó a aislarse y no decía que sucedía, tenia pesadillas frecuentemente en las cuales se levantaba cubierto de sudor, mis padres pensaron era parte de la adolescencia y no le tomaron importancia en ese momento, creían estaba molesto consigo mismo por lo que me había pasado ese día, y era una forma de auto castigarse por no protegerme. Pero tiempo después descubrieron que algo más oscuro lo que lo atormentaba, entonces fue demasiado tarde.


Las personas van y vienen, y yo solo las observo pasar. Aun no descubro del todo el por qué del comportamiento humano, me siento ajena a este mundo superficial, donde a las personas les gusta ser felices viviendo en la mentira, usándolas y dejando que las usen con ellos. Para mí, simplemente la gente es estúpida y vacía. Y yo también lo soy en cierta manera.
Vamos en busca de cosas que nos puedan llenar, amor, dinero, atención, sexo, drogas, alcohol, objetos. Todos de alguna forma nos interconectamos con la similitud de la carencia, de siempre querer más y nunca satisfacernos por completo, consumiendo todo sin ser suficiente.
Mintiéndonos a diario, diciendo ser felices, satisfechos o vivir felices dentro de una mentira, para mí esto es estar vacio. Hueco.
¿Qué buscamos realmente?
¿Cuál es el sentido de estar aquí? Muchos dirán que es para cumplir una misión que se nos ha otorgado y debemos descubrir, pero ¿esa misión incluye violentar toda lógica, insultar al semejante, denigrar y excluir a los que no piensan como él?
Todos lo hacemos, unos más que otros, claro, y a final de cuentas es lo mismo, véase con los ojos que se vea.
¿Qué es lo que tratas de llenar tu y con qué?
¡Ja!, yo lo hago con la muerte y la justicia.


10:32am. Jueves 26

-¿Diga?- Me apresure a decir después de 3 tonos del teléfono.
-¿Helzebeth?
-Si ¿Quién quiere saberlo?
- Soy Julián, el chico con el que saliste hace 3 semanas, lamento no haber  molestado...
-No te preocupes por ello, ya recuerdo quien eres.
-Disculpa no haberme comunicado antes, es solo que me mude hace poco y no encontraba el numero entre tanta cosa…
-No te disculpes, está bien.
-Marcaba para saber si te agradaría comer conmigo esta tarde, claro, si no tienes inconveniente.
Una ligera risita logra escaparse entre mis labios, su voz era tan dulce y tímida, sentía el miedo que trasmitía su voz al realizar la llamada.
-Veras, esta tarde tengo unos asunto que atender, pero mañana tengo libre ¿Qué te parece?
-¡Perfecto! Por mi no hay ningún inconveniente, ¿A que hora paso por ti?
La alegría se había apoderado de su voz
-Nos vemos a la 1pm en el Rainforest, esta sobre la Ave. Shaftesbury
-De acuerdo, ahí estaré, que tengas un lindo día.
-Gracias e igual, chao.
-Chao.
Finaliza la llamada
Me imaginaba la reacción del chico detrás del teléfono, moviendo puños de aprobación con una sonrisa enorme en su cara justo después de haber terminado la llamada.
La verdad es que ese día no tenía planes a la hora de comida, pero considere que lo mejor era dejarlo para el día siguiente.
Tome de nuevo mi taza de café y un par de papeles del escritorio de mi oficina para terminar los pendientes a tiempo e ir a despejarme del mundo en mi hora de comida, por algo había escogido tratar con números, los números no mentían, eran fríos y no haba hipocresía en ellos, excepto cuando se llegaba a algún trato con alguien, normalmente entre los empresarios suele haber un trato cortes, porque saben que se juegan mucho más que solo la imagen, se juega con cuantos ceros habrá al final de la propuesta, y ellos saben que un cero es mucho más que solo perdidas. Aquí es donde entraba mi perfección, no caben los errores en esta área, porque un solo error puede llevar a todo un fracaso.
Los días pasaban rápido, y la ansiedad volvía a mí, se acumulaba como un pequeño tarro al cual le agregabas un granito de arena cada determinado tiempo, hasta que este se llenaba y luego tenías que volver a vaciarlo.
Julián era un chico tierno, extranjero, el había nacido en Italia, tenia 29 años, estudio arquitectura y estaba terminando su maestria, era ya su último grado. Un hombre de éxito, centrado, entregado y siempre obtiene lo que quiere. Bueno, casi siempre, tenía un punto débil, su timidez al acercarse a las chicas, eso le dificultaba la relación con ellas. Era dulce, cariñoso y dedicado, pero por alguna razón las chicas lo rechazaban aun a pesar de ser atractivo, alto, de cabellera rubia, ojos café claro y cuerpo atlético.

Al salir de la oficina observe a mis compañeros en los cubículos continuos al mío, Erick Grajman  estaba recargado sobre el respaldo de su silla con los pies sobre el escritorio mientras hablaba por teléfono sin preocupación, Angela Rein ordenaba unos papeles en su portafolio mientras tomaba unos pliegos donde había hecho su propuesta para una compañía. Todos ellos, tan inmersos en sus cuestiones, que no tomaban en cuenta la presencia de los demás. Camine hasta el elevador que me llevaría a la planta baja,